Eran las 3 de la mañana, y ya todos estaban alcoholizados… todos menos yo, ya que por andar de conductor de los premios, solo me tomé 2 botes (que me costaron 50 lanas… ni pedo, que otras veces no traigo y me invitan, jajaja).
Resulta que, para variar, me le pegué a mi amigo Morto para que me diera raite, así que esperamos a que se fuera Manú (y por ende, todos los demás) ya que él iba a cerrar el local y estaba en un Über estado de ebriedad, asíq ue cuando se fué, nosotros arrancamos… como 10 metros antes de percatarnos que el carro se sentía raro y que se iba de lado.
Nos bajamos y, OMFG, adelante una llanta ponchada! Fuck!
Y como estamos chavos, pues, tardamos como una hora para cambiarla (claro que el tiempo gastado entre las mentada sde madre de Morto aumentaban el tiempo). Nos percatamos que la llanta no estaba ponchada, solo desinflada, así que algún culero nos había hecho la “bromita”. El super gato de agencia que traía el carro no nos hizo el paro tampoco, pero luego supimos porqué…
Acto seguido, y depsués de descongelar mis extremidades, subimos al carro semi contentos y avanzamos… otros 10 metros cuando el carro volvió a sacudirse.
Nos bajamos y la llanta estaba bien… pero atrás había otra llanta ponchada! Y ya no había refa! Double-Fuck!
Lloramos un rato, pero al ver que nuestras lágrimas se congelaban, ideamos un plan: llevar la llanta que habíamos quitado a una gasolinera relativamente cerca a que la inflaran y ponerla en vez de nuestra nueva amiga desinflada.
Así que me fuí en un taxi, llegué a la gasolinera, le dije al don que la inflara y… se le salía el aire! Alguien amablemente había removido el pivote (o el “alma”, como le llaman los espitiruales llanteros), o sea que ya no tenían mas lucha que llevarlas con un llantero… en la madrugada! El que nos hizo la “graciosada” de sacarles la madre a las llantas, neta, que ni nos lleguemos a enterar ¬¬
Regresé para darles las malas noticias a Morto y a Peggy (quien también estaba en el embrollo) y decirles el nuevo plan: llevar la llanta que iban a quitar, e inflar esa, pero me encontré con que no podían quitarla, ya que el gato se caía… okeeeeeeeeey.
Dejamos ir al taxista, e ideamos unos 30 planes mas, entre ellos llamar al seguro, quien nuuuuuuuuunca contesto, y a tránsito que nos dió el avión y las “patrullas” nunca se paraban ahí. Lloramos mas y luego paramosun taxi para pedir. Y nos mandó al averno. Pasaron un par mas de éstos hasta que dimos con uno que nos socorrió.
Afortunadamente era un tipo que sabía de éstas madres, desafortunadamente era el típico mamoncito metiche que se las daba de chingón (digo, sabía de éso, pero no es algo para enaltecerse y restregarlo en la cara). Resulta ue la otra llanta también andaba de “dealmada”, así que llevó a Morto con un llantero para que arreglarn las putas llantas mientras Peggy y yo cabilábamos junto al carro tratando de no morir congelados.
Llegó Morto (con nuestro nuevo no-amigo taxista) y pusimos las llantas. Saben porque nuestro gato era tan inservible? Porque lo pusimos al revés, pfffffffffffffffft. Le pagamos Morto le pagó y por fin huímos a casa… a las gloriosas 5:30 de la mañana.
Llegué, me reporté con la autoridad y me tumbé a domrir mi gloriosa hora y media antes de irme a trabajar, donde digamos que no me la pasé tan bien, jajaja.
En fin, son cosas que pasan y de las cuales no puedes zafarte, así que a pesar de que pude haberme ido a otro lugar a embriagarme y demás berraquencias, terminé en ése embrollo, pero peor hubiera sido que estuvieran ellos 2 solo en eso, así que no me arrepiento.
Pero no me gustaría repetirlo.
Oh No~
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